La fotografía es para mí una actividad solitaria, como la escritura. Podría estar días enteros sin hacer otra cosa que disparar, mirar, retocar, descartar. De la misma manera que a veces he deseado no hacer otra cosa que escribir, es decir, que enfrentar la realidad con mis fantasmas.
No sé cuál de las dos actividades me da más satisfacciones, porque en las dos busco incansablemente. De modo que ahora es como si sirviera a dos señores.
Entre tanto, la vida me exige que siga sus caminos urgentes.Me zarandea de aquí para allá, me dejo engañar por ella. Pero a veces no tengo más consuelo que escaparme de ella una noche y soñar con la fuente, y recordar a Machado, y volver a casa sola en el tranvía abrazada a la mochila donde cargo mi equipo.
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