miércoles, 17 de septiembre de 2008

Los límites


Finaliza un verano muy intersante, desigual y quizá por eso interesante. He aprendido una cosa, tal vez, que los límites están dentro de nosotros, nos los creemos y nos hacemos prisioneros.

Aprendiza de todo como soy - y a mucha honra- en fotografía he podido practicar hasta hacer avances sencillos pero fundamentales: el enfoque, el encuadre, perder miedo a editar... valorar un histograma en su justa medida. Y sobre todo, aprendo a ver, aunque ya no me dejo sorprender como antes, para aprender, para admirar, para distinguir. Y cuando voy por la calle, aunque no lleve cámara por fin las imágenes empiezan a fluir hacia mí: una escalera, unas nubes , paseantes... y el "aquí hay foto". Y aunque no la haga, lo importante ya lo he hecho.

5 comentarios:

conefe dijo...

Me alegro muchísimo de tus avances.

Federico García Barba dijo...

Parece que alguién se bañó en la playa. Debe ser la Tejita.
Por aquello del viento, supongo

Olga dijo...

Pues sí, Federico es La Tejita, precisamente.

Gracias Fernando.

Federico García Barba dijo...

Oye no hace falta impacientarse con los comentarios que no tienen la intención de la impertinencia. Es que una imagen es una puerta a un universo caleidoscópico de sugerencias e historias.
Por ejemplo:
Ella llegó a la playa sumida en lo más profundo de un pozo de tristeza. No comprendía las razones de su abandono. Mientras miraba el horizonte en el que se fundían las dos tonalidades de un azul profundo, ideas recurrentes contrapuestas se agolpaban como estallidos tras sus sienes.
Como habían podido llegar a aquella situación tras tantas experiencias compartidas.
Se desanudó la falda ligera que cayó sobre la arena a sus pies y la abandonó junto a las esclavas para adentrarse en la espuma del mar con la mirada perdida…

O veamos

El viento acallaba gritos y risotadas de los niños que se remojaban en la orilla, disfrutando de aquel día maravilloso en que ya se vislumbraba el final del verano. Él permanecía enfrascado en la lectura de aquel libro de cuentos que le habías regalado mientras observabas como tu pareo y tus cholas desaparecían sepultadas por oleadas sucesivas de arena.
La imagen de una gran belleza plástica incitó pensamientos de felicidad sobre los largos años transcurridos desde su llegada a la isla…

O también

Se secaban después de un chapuzón que les produjo varios revolcones. La potencia del mar en ese punto era solo para los amantes de la aventura. Un agua fresca que revitalizaba después de una agotadora semana de trabajo en una ciudad insensible.

Las amigas disfrutaban de sus sándwiches de guayaba y queso mientras comentaron la apostura y las historias que albergaban los paseantes por la orilla.

Sus pertenencias fundidas en montoncitos de colores sobre la arena…

¿Cual es la historia tras la foto?

Olga dijo...

Federico, no me he impacientado, al contrario. Me ha gustado que acertaras con la localización.
Y me halaga que esta imagen te sugiera tan interesantes "micro-relatos".
La toalla y las cholas son las de mi hija, que se divertía con las olas durante casi todo un día en la Tejita. La hora era mala para hacer la típica foto de paisaje. Pero las ropas abandonadas en la arena tenían un encanto muy seductor.

Creo que en la intención de la foto hay algo de las emociones que trasmites en tu comentario.
La verdad es qué pensaba en algo parecido a la chica que imaginas ("nada es para siempre" sonaba en mi mp3), mis hijas se bañaban como en el segundo fragmento, mi marido leía (aunque nada de hadas), y nos relajábamos de la inhospitalidad urbana con unos sandwiches... de pata de cochino.
Según a quién preguntes de los que me acompañaban la evocación de ese día sería radicalmente diferente, pero todas están gracias a ti en esa sola imagen.

Me ha asombrado tu buen pulso narrativo y tu sensibilidad. Supongo que escribes con frecuencia...
Felicidades.